lunes, 28 de diciembre de 2015

Cómo no ser Masón. Una guía iniciática para pasajeros en tránsito; por Abunnur Abdel Basit

Traemos aquí el Prefacio, Introducción y primer Capítulo de esta obra que destaca en el a menudo trillado y sesgado ámbito editorial español sobre Masonería por su originalidad, viveza y sentido de la orientación, tres cualidades que la permiten pasar con nota la aplomación de todo buscador sincero que dirija sus pasos en la intención que le marca su auténtica vocación, aquella que le hace ser un extranjero, Hijo de una Viuda, en viaje desde Oriente a Occidente, que busca la Palabra Perdida.

Prefacio

El maestro Mevlana Yelaladdin Rumí consagró un método de enseñanza basado en lo que hoy se conoce como sistema de los estímulos múltiples. Un sistema muy eficaz porque uno de los cometidos del maestro es presentar la información de manera que sea capaz de sortear los velos de la mente condicionada del estudiante. Velada por los prejuicios, por las frases hechas, las palabras equívocas, la desinformación, la ignorancia o las trampas del ego. Y porque los estímulos múltiples ayudan a engañar a esas barreras: si nuestros velos son impermeables a la comprensión de un texto escrito, por ejemplo, probemos entonces a escucharlo en voz alta. O en verso. O a bailarlo o cantarlo. A degustarlo u olerlo, a pensarlo o a soñarlo. O varias cosas a la vez.

Toda forma de Iniciación es completa y única en su pureza. No admite innovaciones, enmiendas, omisiones ni añadidos so pena de convertirse en una forma distinta. No son caballos de raza que cruzar ni es la puesta en escena de un ritual elástico personalizable a nuestra conveniencia. Todo cambio implica una nueva coherencia. Y toda nueva escuela debe ser sancionada por un Maestro iniciado en una cadena previa. De ahí que existan tantas vías como maestros fueron capa- 18 ces de codificar la suya propia para un contexto o un tiempo diferentes.

Sin embargo la Iniciación en su esencia no puede ser más que una. Nunca cambia.

Pero es ley del aprendizaje que el estímulo, a fuerza de repetirse, merme su respuesta y su eficacia. Y es gaje de lo metafórico que la figura viva, envejezca y muera arrastrando los significados consigo al pozo de los enigmas insondables.

El presente trabajo propone mirarnos en el espejo de otras formas de Iniciación con el propósito de recuperar alguno de aquellos significados perdidos, aclarar varios de los malentendidos, afianzar los debilitados y subrayar la fortaleza de los indelebles.

Comprendernos a nosotros mismos a través del otro.

En la convicción de que, como enseña Ibn ‘Arabi, no se trata solo de tolerar al otro en el sentido de superar la molestia que el otro nos provoca en su diferencia, sino de ir mucho más allá: entender la necesidad que tenemos del otro para conocer al Uno. Porque al Uno solo se le conoce desde la multiplicidad. Y solo después, al final del camino, desde el Uno mismo.


Introducción

Si alguien formado en la Masonería afirmase que el masón debe aspirar a dejar de serlo, todo lector sensato pensaría que quien así se expresa lo hace desde la desilusión o el desencanto. Y tendría razón. Sin embargo, a lo largo de estas páginas descubrirá que el objeto de esa desilusión no era el que podría suponerse en un principio y que, además, aquella afirmación es la única posible: el masón debe aspirar a no ser masón.

También algunos detractores reprocharán a la Masonería su heterogeneidad, su profunda desunión, sus cismas irreconciliables, sus puntos de vista paradójicos, sus anacronismos aparentes o sus arbitrariedades flagrantes. Y también estarán en lo cierto, pero otra vez por motivos muy diferentes a los que se suelen presuponer. Porque aunque es cierto que existen tantas formas de entender la Masonería como masones hay, también lo es que no podría ser de otra manera por la naturaleza misma de las cosas. Este libro es una de esas formas posibles.

No obstante, si preguntasen al que escribe esto si recomendaría entrar en Masonería a su mejor amigo de concurrir en él o ella las condiciones necesarias, la respuesta sería que sí, sin género de duda, pero con cierta información previa sobre lo que cabe esperar y lo que no.

¿Por qué entonces el título de este libro? Bueno, para terminar de complicar el asunto también hay que decir que ninguna parte del texto reproduce la enseñanza que el lector tomará de él, si es que está en su ánimo tomar alguna. Pero, por favor, no lo devuelva aún a la estantería, no hasta haber leído la breve historia que sigue a continuación. Créame, vale la pena.

Una noche de verano el maestro Nasrudín se encontraba rodeado de sus aprendices en el patio de la madrasa. Al final de la charla, uno de ellos preguntó: «Maestro, ¿por qué no nos das un libro con todas tus sabidurías?». Y contestó Nasrudín: «Porque si os diera un libro en blanco pensaríais que estoy loco o que creo que lo estáis vosotros; si os diera uno lleno de datos, reglas y consejos diríais que es formidable pero continuaríais viendo solo el exterior; si os diese una enciclopedia de treinta volúmenes diríais que soy un pretencioso que se atribuye el esfuerzo de muchos; si fuese un librito pequeño diríais que mi ciencia es igualmente pequeña y ahuyentaríais de mi lado a los buscadores sinceros; por último, si os diera un libro donde llamase a las cosas por su nombre diríais que es críptico y enloqueceríais tratando de descifrar secretos que no contiene. Por todo ello me conformaría con que meditaseis sobre estas cinco posibilidades durante el tiempo suficiente».

En efecto, si reflexionásemos lo bastante sobre cada una de estas alternativas podríamos ahorrarnos la lectura de este y muchos otros libros más. Porque todo está ya dicho. Lo único que hace falta es escucharlo de la manera en que cada cual es capaz de comprenderlo a través de sus propios velos. La Iniciación es el idioma de esa forma de conocimiento, como la notación musical es el de la armonía o las pruebas de afecto el del amor.

Quien tenga curiosidad o interés por los textos sobre Masonería quizá se habrá topado con la afirmación de que en pleno siglo XXI ya no se puede hablar de Masonería sino de masonerías, en plural. Pero una vez que se haya comprendido la esencia de la experiencia iniciática, aquella afirmación devendrá un mero disparate que solo contribuye a propagar la incomprensión de quien lo difunde.

Muchos masones sinceros han dedicado años de sus vidas a intentar reconstruir la historia masónica, desde las guildas de constructores medievales y mucho más atrás, hasta sus sucesivas refundaciones en tabernas londinenses o salones versallescos, sus cismas, sus alianzas y todos los pormenores de los respectivos linajes. Centenares de miles de masones se han formado en unas u otras Obediencias a las que han ido transformando a su vez en reflejo de sus propias capacidades y límites, de sus contextos diversos y de sus aspiraciones de toda índole. Algunas de esas Obediencias han sido ejemplares en el ejercicio de la solidaridad y de la caridad entre iguales. Otras, en el estudio y la perseverancia. Otras, en la implementación de los Derechos Humanos. Otras, también, no merecen sino la reprobación de todos. Tan diferentes como las sociedades de las que surgen, todas las Obediencias son perfecta e igualmente legítimas siempre que antepongan la virtud y la ley a cualquier otro interés. Pero eso no significa que todas ellas sean capaces de proporcionar una formación iniciática en el sentido genuino del término. Ni que en consecuencia las diferencias entre unas y otras se reduzcan a una mera disparidad de criterios subjetivos u opinables. No son orillas distintas de un mismo río. Porque la Iniciación consiste precisamente en evitar esa clase de orillas y periferias, y en zambullirnos en ese río, fundirnos en él y dejarnos arrastrar dócilmente hasta la Fuente Original.

Hay Obediencias incluso que afirman no proporcionar iniciación sino recepción. Y aunque es de agradecer su sinceridad al plantear sin tapujos sus propias reglas de juego, no lo es tanto que quieran hacerlas extensivas al conjunto de una Masonería que no han entendido en toda su dimensión. Si desconocen la Iniciación no es porque la Iniciación no exista, sino simplemente porque no han tenido la oportunidad de que un verdadero Maestro pudiera dársela a conocer. O porque, sin más, no están dotados para ello, igual que no todos lo estamos para el razonamiento matemático, la halterofilia o el ajedrez, sin que ello suponga nada más que eso. Otras Obediencias, en cambio, proclaman garantías de una Iniciación ortodoxa o regular que en la práctica son incapaces de transmitir por razones muy parecidas.

Para quien tenga curiosidad existen excelentes estudios sobre el desarrollo de todas las estirpes masónicas, con todo lujo de detalles, que la satisfarán con creces. Pero para quien desee acercarse a la realidad iniciática, el verdadero patrimonio y singularidad de la Masonería como Vía Tradicional, esos estudios le serán de tanto provecho como el censo de Beirut. Porque el hombre aprende del hombre, no de los libros. No obstante, tendremos mucho gusto en compartir a lo largo de este escrito algunas de nuestras experiencias bibliográficas recomendables para el buscador paciente y laborioso.

Este trabajo no trata sobre la Masonería Iniciática entendida como una opción más entre las masonerías posibles. No habla de siglas ni desde ninguna sigla, aunque no faltará quien quiera distraerse buscando etiquetas. Ni dedicará una 25 sola página al siglo XVIII ni a ningún otro siglo particular, ni falta que hace. Este texto trata de la Iniciación. Y de cómo la Iniciación se sirve en el contexto cultural occidental de unas formas rituales que llamamos Masonería. Trata de la Masonería sin adjetivos. Porque solo desde el plano más inferior de la realidad podría hablarse de masonerías. Hablar de masonerías implica haberse resignado a la visión relativa de la multiplicidad y negarse el acceso a la Unicidad del Absoluto. No hay otra manera de decirlo. Como recuerda Cervantes, «la naturaleza tiene por norma que cada cosa engendre su semejante». De ahí que la Masonería no pueda ser sino una porque la Iniciación es solo una, aunque sus lenguajes externos sean forzosamente múltiples. Existe una jerarquía natural de las cosas y la Masonería es consecuencia de la Iniciación, no a la inversa. Pretender obviar el carácter iniciático de la Masonería es tan vano como negar nuestro propio hígado. E igualmente imposible, no importa si somos o no conscientes de él, ni si lo fueron tales o cuales colectivos masónicos en el XVIII.

De aquellos libros posibles que proponía el maestro Nasrudín, cuatro retratan a trazos sueltos otras tantas formas de entender la vía masónica vista desde su periferia. El quinto trata de su secreto, el último viaje del Compañero, el libro inédito de Nasrudín. Y es precisamente el que el lector tiene delante, basta con que prescinda de lo superfluo y se concentre en la parte en blanco.


I. Sobre el Imam

Ömer Tugrul Inancer es el vigésimo sexto Gran Maestro de la Orden Yerrahi. Con sede en el barrio de Karagümrük, en la ribera anatolia de Estambul, la Orden Yerrahi fue fundada hacia 1705, es la última de las grandes órdenes sufís y se define a sí misma como el Sello del Tasawuf o síntesis de la vía secular de conocimiento sufí. Y como no podía ser de otro modo, iniciática por su propia naturaleza, huelga decirlo.

El sheij Inancer anda cerca de los setenta años. Dirige un importante centro de estudios de música tradicional turca, en el lado europeo de la metrópoli, que da cobertura legal a las actividades de los yerrahis: las prácticas sufís fueron prohibidas en 1925 en aras de la modernización de Turquía que lideró el carismático Mustafá Kemal Atatürk. Inancer viste como un perfecto caballero occidental. Sus modales, en cambio, son los de un perfecto caballero oriental. Habla con voz grave y potente y el tono de su discurso, según el patrón musulmán, podría traslucir tintes de regañina a ojos del occidental no habituado. Pero ese dedo que dispara al cielo y esa vehemencia al enunciar los dogmas incontestables son solo un recurso expresivo. En el islam la amonestación ponderada —fraternal, paternal, filial o reflexiva— es una caridad del creyente 28 para con su hermano en Dios. Y la humildad necesaria para recibirla, consecuencia de la sumisión general a la voluntad de Allah. Un Maestro no habla desde el ego. Ni el creyente escucha desde él.

Dos salones más allá, una formación de músicos tradicionales ensaya un taksim para el concierto de mañana. El ney, el saz, el kanún y sus bellísimas e interminables frases musicales al unísono subrayan el sabor otomano del edificio. Y la ciencia de los veintiséis sheijs yerrahis también unísonos que hablan por boca de Inancer.

La charla ha ido repasando temas diversos. Hacia el tercer vaso de té negro sale a colación lo que el islam considera harán, prohibido. ¿Es que la otra media humanidad vive contaminada por seguir según qué dieta o vestir según qué largo de mangas? ¿Podría depender la virtud de cosas así? ¿Iba el mismo Dios a prohibir a unos pueblos lo que permite a otros? Llegados a este punto, el sheij Inancer y sus veinticinco maestros yerrahis hablando tras él se aprestaron para interpretar a capella su versión de uno de los himnos fundamentales de la vía iniciática: el imam, la fe obtenida por el Conocimiento, la fe del gnóstico, la del conocedor, capaz de conducir a la certeza de la Causa Suprema:
Si atendiéramos solo a lo que es aparentemente beneficioso o no —dijo Inancer— acudiríamos constantemente a los laboratorios para saber en qué hemos de creer según la evidencia científica, que avanza y se desdice a cada nuevo descubrimiento. El imam —la fe por el Conocimiento— no puede depender de polémicas en publicaciones técnicas o entre escuelas filosóficas. Si fuera así, los quirófanos serían nuestros templos; los académicos, profetas; y los modistas, sacerdotes.

Vaya, exactamente lo que sucede en la sociedad occidental moderna.

Y es que el exceso de racionalismo que impera en Occidente desde el Renacimiento induce a pensar que todo aquello que no cabe en la razón no existe, no sirve o no cuenta. Compte, Bergson o Descartes acuñaron una peculiar definición de inteligencia, restringida a la capacidad de producir útiles con los que producir más útiles para servirnos de los recursos naturales con mayor provecho y menor esfuerzo. Para los racionalistas, más aristotélicos que Aristóteles mismo, la Naturaleza constituye el fin último de las ciencias; y su aprovechamiento, el objeto final de la inteligencia humana.

El desarrollo de las aplicaciones de los combustibles fósiles, el salto exponencial que supusieron la máquina de vapor, la Revolución Industrial y la capacidad de producción masiva han marcado a fuego esa idea occidental de progreso. Los sorprendentes hallazgos de Charles Darwin y las conclusiones que extrajo de ellos teñidas de esa misma inercia desarrollista contribuyeron a trazar un mapa humano donde la Antigüedad se percibe como la niñez de la humanidad; las enseñanzas de los antiguos, como meros balbuceos o intuiciones previas de lo que no llegará a ser verdadera Ciencia hasta la edad contemporánea; y el modelo de civilización occidental, como el único posible y rasero del progreso de las demás. Como si solo existiera una vía de desarrollo homologada y cada cultura estuviera en un peldaño superior o inferior de esa vía única y lineal.

Tal como señala Schuon, el sentimentalismo con el que el mundo moderno reviste a las virtudes facilita su falsificación. La perversión materialista de la caridad, de hecho, pretende aportar la prueba de que se puede prescindir de Dios. Y todos 30 estos ingredientes juntos, endémicos en el mundo de hoy, han propiciado un cóctel donde el agnosticismo se considera un valor y el ateísmo se exhibe como una medalla a la independencia intelectual. La pérdida de referentes de orden superior ha deificado un humanismo mal entendido donde el placer sentimental, el estado del bienestar y la moral aspiran a suplantar a la felicidad, a la realización personal y a la virtud.

Y aunque es de celebrar que haya en nuestro siglo más democracias y menos guerras que nunca en la Historia, la evidencia revela que las burbujas narcóticas de aquella fiesta desarrollista del siglo XX hace tiempo que se han disipado y que las ideologías, los ismos, cuyo ámbito natural es el logro y garantía de la justicia y las libertades, no están en disposición de ofrecer unos recursos de realización personal para la que no fueron concebidos. De ahí la resaca consiguiente y la búsqueda de remedios espirituales para esas carencias, que se demandan al mismo supermercado global que todo lo demás, que se consumen como píldoras para después de las comidas y que pretenden elevar al rango de maestros a simples personal trainers del coaching espiritual.

Cualquier occidental moderno y muchos orientales igualmente modernos expresarán sin pestañear su convicción real o convencional sobre la existencia de un Big Bang, causa del universo y de cuanto es. Si se insiste incluso acabarán por aceptar que no solo de allí proviene la materia de nuestros músculos, huesos o neurotransmisores, sino también la de nuestros propios sentimientos, el beso de nuestros hijos y nuestras cartas de amor adolescente, que habían de existir forzosamente en aquel punto primigenio un instante antes del mayor estallido que pueda concebirse. En aquel minúsculo pozo oscuro que contenía el universo entero, esa amalgama de antimateria de densidad tal que atrae de vuelta a su seno a cuantas formas de radiación pretenden evadirlo.

No obstante, esas mismas personas se mostrarán reacias a afirmar la existencia de un Principio Supremo previo al Big Bang, ajeno al tiempo y al espacio, y no sujeto a las leyes físicas sino enunciador de todas ellas.

Y en buena medida esto es así porque el espíritu de la Ilustración, que tanto impulsó el desarrollo de la Masonería, reaccionó sin paliativos contra los excesos de los administradores de las religiones históricas, cuya autoridad moral se encontraba bajo mínimos, y contribuyó a los graves daños colaterales propios de toda contienda. Según lo expresa muy gráficamente Luis Racionero: «Hemos tirado al niño con el agua de la bañera: hemos acabado con los abusos de la religión pero a costa de perder la espiritualidad».

Y si bien ya son pocos los que creen en un dios antropomorfo, varón, vestido con chilaba azul celeste, que no acata los derechos humanos, permite injusticias, hambrunas y desastres naturales, son menos aún los que creen en un Principio Superior que escapa a la comprensión humana, como si probar el Big Bang fuera más sencillo. El orgullo científico nunca aceptaría la humillación de un Principio Supremo que excede su capacidad y todo límite.

Definir la energía como la masa por la velocidad de la luz al cuadrado es una forma convencional de cuantificarla, no de cualificarla. E=mc2 no explica qué es la energía, solo la mide, la compara con otras dimensiones convencionales.

Los estadísticos ya calcularon hace tiempo que es mucho más probable que un terremoto pueda construir un avión 32 capaz de despegar por sí solo, que el hecho de que una célula elemental se genere aleatoriamente. Pero si el intelecto moderno es reacio a admitir un Principio Supremo, cómo iba a admitir una Causa Suprema, la capacidad creadora como atributo de una divinidad que negamos. Es obvio que la evidencia científica es tan insuficiente para afirmar la Creación y su Causa como para lo contrario. De ahí que el acceso a la comprensión del Absoluto requiera otras formas de razonamiento que no son solo la razón. La buena noticia es que también está en nuestra naturaleza esa otra forma de conocimiento. Y mediante el adecuado balance entre razón e intuición, elevarnos al mayor grado de comprensión posible. Conocerse a uno mismo es conocer la esencia divina que llevamos en nuestro interior.

En consecuencia, aquellas corrientes masónicas o pretendidamente iniciáticas que no reconocen ese Principio Supremo y para las que el Gran Arquitecto del Universo no es más que una figura poética, no dispondrán de un lugar al que elevarse desde su condición profana. En palabras de Raimon Arola: «¿Quién ha enseñado a una semilla a hacerse árbol? ¿Y quién ha enseñado al hombre a conocer a Dios? La gente dice yo creo en Dios, yo no creo... Pero perdón, señor, ¿cómo puede usted decir que cree o que no cree en algo que no sabe lo que es? La Iniciación enseña precisamente a saber qué es ese Uno, qué es esa Unidad, qué es Dios. Incluso pudiendo pensar que puede ser la Nada, el Ayn Sof original cabalístico, podría ser muchas cosas. Pero incluso eso se debe aprender».

Y es que precisamente se trata de eso. De profesar imam, esa suerte de fe fruto del aprendizaje sin la que todo intento de trayecto iniciático carece de porvenir alguno. La Iniciación enseña cómo adquirir ese imam. La fe del gnóstico.

Pero no se preocupe el lector. Podrá continuar teniéndose por creyente, ateo o agnóstico cuanto desee, aunque esos términos cobrarán, según avance en la senda, un sentido mucho más completo y desde luego mucho más satisfactorio. Completamente satisfactorio. La Iniciación le proporcionará las herramientas para ello: el cálamo y la página blanca.

Con esos cálamo y papel el persa Omar Jayán lo expresó en términos difícilmente más hermosos: «Beso el vino de mi copa y los rizos de mi amada, tranquilo, porque sé que al final me espera la Nada o la Misericordia».


La Iniciación invita a degustar ese vino y ese mechón, esa tranquilidad sincera, el verdadero sabor de la Nada y la grandeza sin medida de la Misericordia.

martes, 22 de diciembre de 2015

Número 39 de la Revista Letra y Espíritu.

Acaba de salir el número 39 de Diciembre de 2015 de la revista de estudios tradicionales Letra y Espíritu. Dejamos a continuación el editorial de este número:

El presente número de la revista, continuando el anterior, está dedicado a profundizar en el papel de la discriminación durante el recorrido iniciático, con particular atención a su relación con el horizonte intelectual. El artículo de fondo de nuestro colaborador Albano Martín de la Scala, con abundantes claves para el lector, introduce el tema y evidencia cómo el horizonte intelectual señala el punto de encuentro entre lo terrestre y lo celeste, allí donde lo racional "empujado a sus límites superiores, viene a encontrar el puro intelecto".  

El argumento de la importancia del conocimiento de sí mismo viene examinado en los tres textos siguientes, los artículos Conócete a ti mismo de René Guénon, donde se indica cómo el hombre puede encontrar el verdadero conocimiento únicamente en sí mismo ya que "todo conocimiento no puede ser adquirido más que mediante una comprensión personal", y La "E " en Delfos de Ananda K. Coomaraswamy, distinto del célebre tratado de Plutarco La E de Delfos.

Sigue la segunda parte del Tratado Ill del Convivio, donde Dante Alighieri explica cómo la filosofia es la perfección de la razón y cómo no puede darse la verdadera felicidad sin sabiduría.

Los extractos de la Ética Nicomáquea de Aristóteles que publicamos tratan de la diferencia entre conocimiento y sabiduría y de las relaciones que la comprensión y la indulgencia tienen con el intelecto.

En este número presentamos un segundo artículo de René Guénon, Corazón y cerebro, que trata magistralmente los aspectos simbólicos en relación a estos dos elementos constitutivos del ser humano y de sus retaiones recíprocas.


El discernimiento en el Cristianismo es un trabajo propuesto por nuestro colaborador Jacopo Ammi en el cual, después de una breve introducción, se presentan extractos de las obras de Diadoco de Foticé, San Juan Clírnaco, y San Bernardo de Claraval.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Historia del Cisma Masónico Inglés de 1717; por Jean Barles.

  asd  asaasnexo.

Traducción del Anexo 2º Reflexiones de René Guénon sobre los “Archivos de Trans-en-Provence”, revista donde se publicaron primero los artículos que constituyen el presente libro: Historia del cisma masónico inglés de 1717, Éditions de la Maisnie, París, 1990. Edizioni PiZeta, San Donato (MI), 2000. El índice del libro aparecerá al término del presente anexo.

René Guénon (1886-1951), uno de nuestros mejores intérpretes de la Tradición y del simbolismo, citó frecuentemente los trabajos de Jean Barles. Me parece importante reproducir estas reseñas que completan la rica documentación de los Archives de Trans-en-Provence. Los artículos de René Guénon fueron publicados en la revista Le Voile d´Isis, que en 1937 se convierte en Études Traditionnelles [1]. Fueron recopilados en su obra Études sur la Franc-Maçonnerie e le Compagnonnage Vol. I, Editions Traditionnelles, 1973: aquí son reproducidos en su integridad (de la Introducción de Jean Pierre Bayard)

Études Traditionnelles, París, julio de 1936

Los Archives de Trans-en-Provence publican, desde 1931 (pero sólo hemos tenido conocimiento de ello muy recientemente), interesantísimos estudios sobre los orígenes de la Masonería moderna, debidos a su director, Sr. J. Barles; éste ha emprendido esas investigaciones de una manera enteramente independiente y sin ningún apriorismo, y sin duda por eso, en muchos puntos, se aproxima a la verdad mucho más que todos los historiadores más o menos “oficiales”. Para él, la verdadera Masonería no es ciertamente, como dicen algunos, “la institución nacida en 1717”; él ve más bien esta última como el cisma que fue en realidad. En cuanto a las razones de ese cisma, encontramos que hay una tendencia (por lo demás explicable por el hecho de que ése fue el punto de partida de sus investigaciones) a exagerar el papel que han podido desempeñar los protestantes franceses refugiados en Inglaterra tras la revocación del edicto de Nantes; en efecto, con la sola excepción de Désaguliers, no se ve que hayan tomado una parte activa en la organización de la Gran Logia. Ello no cambia nada, por otra parte, en cuanto al fondo de las cosas: los fundadores de la Gran Logia, cualquiera que haya sido su origen, eran en todo caso incontestablemente “orangistas”; y había ahí una intrusión de la política a la cual los Masones fieles al antiguo espíritu iniciático de su Orden no eran menos opuestos que a las diversas innovaciones que se siguieron. Barles hace observar muy justamente que las Logias que se unieron en 1717 eran todas de formación muy reciente, y también que, por otro lado, había todavía en esa época muchas más Logias operativas en activo de lo que se dice ordinariamente. Un punto sobre el cual nos permitiremos no ser de su opinión, sin embargo, es el que concierne al incendio de los archivos de la Logia de San Pablo: según toda verosimilitud, los responsables de ello no fueron en absoluto Masones tradicionales temerosos de que se publicaran los Old Charges, cosa de la que nadie hubiese tenido seriamente la intención, sino, muy al contrario, los innovadores mismos, que precisamente no habían reunido esos antiguos documentos más que para hacerlos desaparecer tras haberlos utilizado como les convenía, a fin de que no hubiera pruebas de los cambios que ellos habían introducido. Es fastidioso también que el autor haya creído que “especulativo” quería decir simplemente “no-profesional”; al respecto, remitiremos al artículo que se podrá leer en otra parte, y en el cual explicamos el verdadero sentido de las palabras “operativo” y “especulativo”. En ese mismo artículo, damos también la explicación de los términos “Masones libres y aceptados”, sobre los cuales ha errado igualmente, a falta de conocer la interpretación tradicional, que, por lo demás, nunca ha dado lugar a ninguna divergencia. Él no parece conocer tampoco las relaciones simbólicas por las cuales se explica el papel de los dos san Juan en la Masonería, ni el origen antiguo de las “fiestas solsticiales”; pero, después de todo, esas diversas lagunas son muy excusables en alguien que, evidentemente, nunca ha hecho de esas cuestiones un estudio especial. Señalemos por otra parte que el Sr. Barles ha reencontrado por sí mismo algo que se relaciona con un secreto “operativo” muy olvidado hoy: se trata de la correspondencia “psíquica” de los signos y toques, es decir, en suma, de su correspondencia con la “localización” de los centros sutiles del ser humano, a la cual nosotros mismos hemos hecho algunas alusiones; y él concluye, cono mucho razón, que hay ahí la indicación de un lazo directo con las grandes iniciaciones de la antigüedad. Tendremos ciertamente, a continuación, y a medida de su publicación, que volver sobre esos trabajos, de los que debemos repetir aún todo el mérito e interés que encierran.

Ídem, Diciembre de 1936

En los Archives de Trans (nº de agosto-septiembre), el Sr. J. Barles, continuando los estudios sobre El cisma masónico inglés de 1717 del cual ya hemos hablado, completa las indicaciones que había dado anteriormente sobre la biografía de Désaguliers. Por otra parte, publica un documento que, piensa él, permite por su naturaleza resolver afirmativamente la cuestión controvertida de la iniciación masónica de Napoleón I: es el acta de una ceremonia que tuvo lugar en la Logia de Alessandria (Italia) en 1805, y, efectivamente, Napoleón es calificado ahí de Masón en varias ocasiones; pero conocemos ya otros diversos documentos del mismo género, y sabemos que no bastan para convencer a ciertos historiadores... –En el nº de octubre, J. Barles, reproduciendo nuestra reseña precedente, levanta objeciones sobre dos puntos a las cuales debemos responder. Primero, es muy exacto que numerosos protestantes franceses estaban refugiados en Londres a principios  del siglo XVIII, pero, a excepción de Désaguliers, nada indica que hayan sido nunca Masones, y no se ve en qué la presencia de millares de profanos, cualquiera que sea por lo demás su situación social, podría influir directamente sobre acontecimientos que conciernen propiamente al dominio iniciático. Después, en lo que concierne al incendio de la Logia de San Pablo, es verosímil que la responsabilidad no deba atribuirse a Payne, ni quizás incluso a Désaguliers; pero ¿puede decirse otro tanto de Anderson, personaje mucho más sujeto a caución desde muchos puntos de vista?

Ídem, junio de 1937

-En los Archives de Trans (nº de marzo), el Sr. J. Barles aborda la cuestión de las relaciones de la Masonería con los Rosa-Cruz, pero desgraciadamente con informaciones muy insuficientes e incluso de dudosa calidad; se refiere, en efecto,  a la Histoire des Rose-Croix teosofista de F. Wittemans, e incluso da cuenta de una aserción de fantasía del Imperator de la A. M. O. R. C. Por lo demás, no hay que confundir Rosa-Cruz y Rosacrucianos, y, entre estos últimos, habría aún muchas distinciones que hacer; pero lo que es cierto en todo caso, es que, si hubo en la Masonería inglesa Rosacrucianos auténticos y no degenerados, no es del lado “especulativo” donde pudieron encontrarse. Señalemos también que conviene desconfiar de la leyenda, que se busca acreditar actualmente por razones poco claras, según la cual Newton habría jugado un papel en la Masonería, únicamente so pretexto de que estuvo en relaciones personales con Descartes; ésa es una suposición totalmente gratuita, y además no vemos verdaderamente en qué un “gran hombre” desde el punto de vista profano, debería forzosamente tener una importancia cualquiera en el orden iniciático.


Ídem, septiembre de 1937

-En los Archives de Trans (mayo, junio y julio), el Sr. Barles, prosiguiendo sus investigaciones sobre el origen de la Gran Logia de Inglaterra, examina más particularmente ciertos detalles de la biografía de Désaguliers: sus obras científicas y otros aspectos de su actividad profana, la recepción que se le hizo en la Logia de Edimburgo en 1721 (señalemos de pasada que deacon es”diácono”, y no “decano”, que se dice en inglés dean), y su visita a la Logia de Bussy, en París, en 1735. Quizás no hay que buscar el sacar de todo eso consecuencias excesivas; sobre todo, el saber profano y las asociaciones destinadas a desarrollarlo o a expandirlo proceden de un dominio enteramente diferente de aquel donde se sitúan las cuestiones de orden propiamente masónico, y, aparte el hecho de que las mismas individualidades pueden a veces encontrarse de un lado y del otro, lo que no compromete evidentemente más que a ellas, no vemos qué relación más o menos directa puede haber entre esas dos cosas. En cuanto al sentido real de los términos “operativo” y “especulativo”, sobre lo cual el Sr. Barles parece todavía perplejo, no podemos hacer nada mejor, para ayudarle a dilucidar esta importante cuestión, que rogarle tenga a bien remitirse a las explicaciones precisas que hemos dado aquí sobre el asunto, al cual hemos dedicado incluso un artículo especial. 

Ídem, diciembre de 1937

-En los Archives de Trans (nº de agosto-septiembre), el Sr. J. Barles estudia la preparación del libro de las Constituciones de la Gran Logia de Inglaterra; habría mucho que decir sobre la manera especial como los Old Charges fueron utilizados en ello... y deformados tendenciosamente. Nos limitaremos a hacer destacar que, desde el punto de vista iniciático, los innovadores estaban muy lejos de constituir una “élite”, cualquiera que fuese su “cultura” profana, y que, en lugar de “elevar el nivel intelectual de la antigua Masonería”, dieron prueba sobre todo de ignorancia y de incomprehensión con respecto a su tradición; no conocían además todos los grados, lo que explica muchas cosas; ellos no podían ciertamente pertenecer a la “Orden de los Rosa-Cruz”, tanto más cuanto que tal nombre jamás ha sido llevado auténticamente por ninguna organización.

Enero de 1938

-En los Archives de Trans (nº de octubre), el Sr. J. Barles continua su examen de la redacción del libro de las Constituciones por James Anderson; éste, en el relato insertado en la edición de 1738, ha presentado, naturalmente, como una revisión necesaria lo que fue en realidad un trabajo de alteración querida de los Old Charges; señalemos además que, en ese mismo relato, todos los hechos concernientes a la fundación y los principios de la Gran Logia de Inglaterra están tendenciosamente deformados, como resulta de un estudio histórico publicado en el Grand Lodge Bulletin d´Iowa y del cual hemos dado cuenta a su tiempo. Nos permitimos atraer sobre éste la atención del Sr. Barles, que se limita a decir, siguiendo a Monseñor Jouin, que “está permitido preguntarse si la elección de Anderson, que no estaba motivada por ninguna otra razón, fuese de las más juiciosas”; ¿es tan seguro que no había, al contrario, serias razones para que las cosas fuesen “arregladas” de esta manera totalmente especial, para lo cual Anderson estaba quizás realmente más cualificado que otros  a quienes ciertos escrúpulos habrían podido retener?

Febrero de 1938

-En los Archives de Trans (nº de noviembre), el Sr. J. Barles llega esta vez a la Gran Maestría del duque de Wharton, del que ya hemos hablado en nuestras últimas reseñas, a propósito de un artículo de la Revue Internationale des Sociétés Secrètes. Este tema es también de los que parecen más difíciles de aclarar: el duque de Wharton habría sido primero elegido irregularmente en 1722, pero seguidamente, para evitar disensiones, su predecesor, el duque de Montagu, dimitió en su favor el  3 de enero de 1723, y la instalación regular tuvo lugar el 17 de enero; Désaguliers fue entonces nombrado Diputado Gran Maestro. Las Constituciones de Anderson fueron presentadas a la Gran Logia en 1723,  aprobadas y firmadas por el duque de Wharton y Désaguliers; pero lo que es más singular, es que esta aprobación no lleva fecha; la ratificación ¿tuvo lugar en la asamblea del 17 de enero, como piensa Mons. Jouin, citado por Barles, o solamente el 25 de marzo como lo dice Thory (Acta Latomorum, T. I, p. 20), que, por otra parte, por un error evidente, inscribe esos acontecimientos en la data de 1722? Como quiera que sea, no nos explicamos que Barles considere como posible una identificación de dos personajes totalmente diferentes: Philippe, duque de Wharton, y  Francis, conde de Dalkeith; el segundo sucedió muy normalmente al primero como Gran Maestro, el 24 de junio de 1723; ahí al menos, nada hay oscuro. Lo que sí lo es, es la continuación de la carrera del duque de Wharton: en 1724, se adhiere a una especie de falsificación de la Masonería, conocida con el nombre de Gorgomones; el mismo año, llegado al continente, se convierte al catolicismo y se adhiere abiertamente al partido de los Estuardo; después, en 1728, constituye una Logia en Madrid, lo que indica que en realidad no había renunciado a la Masonería; al fin, murió en Tarragona en 1731. Las precisiones sobre lo que hizo entre 1724 y 1728 parecen faltar por completo, y eso es tanto más lamentable cuanto que ese punto podría presentar un interés particular en conexión con la cuestión de los orígenes de la Masonería francesa: en efecto, si no existían todavía Logias en Francia en 1723, y si, por tanto, el duque de Wharton no pudo ser su Gran Maestro por el hecho mismo de que era por entonces Gran Maestro de la Gran Logia de Inglaterra de la cual aquellas Logias dependieron primero, no pudo recibir esta cualidad más que durante el período de que se trata, y en el curso del cual es muy posible que haya residido efectivamente en Francia; luego en tal dirección deberían impulsarse sobre todo las investigaciones de aquellos que quisieran dilucidar más completamente esta cuestión.


Ídem, abril de 1938

-En los Archives de Trans (nº de diciembre), el Sr. J. Barles examina la actividad de Désaguliers en 1723-1724: éste continuó ejerciendo las funciones de Gran Maestro Adjunto durante tal año, que fue el de la Gran Maestría de conde de Dalkeith. A este le sucedió, el 24 de junio de 1724, el duque de Richmond, que tomó como Gran Maestro Adjunto al caballero Martin Folkes (al que Thory, sin duda por error, cita con esta calificación para el año 1723). Añadamos que Désaguliers retomó las mismas funciones el año siguiente, bajo el conde de Abercorn: no vemos por tanto cómo puede decirse que “su colaboración con el duque de Wharton debió serle desfavorable”. Por otra parte, parece precisamente que el Sr. Barles continúa confundiendo, como en el anterior artículo, al conde de Dalkeith con su predecesor, duque de Wharton, cosa que altera evidentemente los hechos considerados.

Notas:
[1] La revista cambió de nombre en 1936, luego se publicaron todas las reseñas en Études Traditionnelles (Nota del Traductor).


SOMMARIO

MIO PADRE JEAN BARLES (1864-1943) E LA MASSONERIA

INTRODUZIONE DI JEAN-PlERRE BAYARD

PRIMA PARTE

  1. -Motivazioni dello studio
  2. -Documentazione di base

LE ORIGINI (1721-1772)

   3. -Origini oscure
   4. - Origini corporative
   5. -Nel campo delle incognite

APPENDICE ALLA PRIMA PARTE

   Segni, Gesti e Toccamenti

SECONDA PARTE

   6. -Lacune da colmare
   7. -Situazione interna nel 1715
   8.-Revoca dell'Editto di Nantes
   9. -Caratteri generali del provvedimento
  10. -Conseguenze specifiche
  11.- Dal punto di vista religioso
  12. -Altre conseguenze
  13. -Protestanti francesi a Londra

   APPENDICE ALLA SECONDA PARTE

   Risposta ad alcune lettere

   2* APPENDICE ALLA SECONDA PARTE
   Revoca dell'Editto di Nantes e Massoneria

TERZA PARTE

  14. -Rivoluzione massonica del 1717
  15. - Massoneria operativa o speculativa
  16. - La Massoneria speculativa in Scozia
  17. - Inghilterra: 1°. Elias Ashmole
  18.- Inghilterra: 2°. Locke
  19. - Inghilterra: 3°. Il regno di Elisabetta
  20.- Inghilterra: 4°. Plot (1686)
  21.- Inghilterra: 5°. Regolamento del 1663 Conclusione

QUARTA PARTE - LA GRAN LOGGIA DI LONDRA FRA IL 1717 E IL 1729

   22. -Anticipazione necessaria
   23. - Liste a stampa del 1723, 1725 e 1729

   APPENDICE ALLA QUARTA PARTE

QUINTA PARTE - L'INGHILTERRA NEL XVI E XVII SECOLO

   24.-I Tudor e gli Stuart
   25. -La Francia, paese di guerre di religione
   26. -L'Inghilterra, paese del libero pensiero
   27. - Sfavorevole posizione dei cattolici

SESTA PARTE - LA MASSONERIA INGLESE PRIMA E DOPO IL 717

   28. - La Massoneria inglese verso il 1700
   29. - La Massoneria e la rivoluzione del 1688

SETTIMA PARTE - I PROTESTANTI FRANCESI IN INGHILTERRA NEL XVII SECOLO

  1. - Alcune precisazioni
  2. -Osservazioni derivate da queste precisazioni
  3. -Registri della Compagnia dei Tessitori

   APPENDICE ALLA SETTIMA PARTE

OTTAVA PARTE - LA RIVOLUZIONE INGLESE DEL 1688 E LE SUE CONSEGUENZE

NONA PARTE - EFFEMERIDI  DI  EMMANUEL REBOLD

DECIMA PARTE - FONDAZIONE DELLA LOGGIA DI SAINT-PAUL (1691)

   1. -Data di fondazione
   2. -Riferimenti di origine massonica
   3. -Mire politiche

UNDICESIMA PARTE - RETTIFICA ALLA DECIMA PARTE

DODICESIMA PARTE - IL PASTORE JEAN DÉSAGULIERS

TREDICESIMA PARTE - GUGLIELMO III E I PROTESTANTI FRANCESI

   1. - Naturale alleanza fra Guglielmo III e i protestanti francesi
   2. - Concatenazione degli avvenimenti
   3. -Persecuzione ingiustificata dei protestanti
   4. - Guglielmo III di Nassau, principe di Orange
   5. - Occupazione di Grange (1660-1667)
   6. - Situazione dell'Olanda nel 1670-1671
   7. -Inizio della guerra di Olanda
   8. -Fine della guerra di Olanda
   9. - Lotta serrata fra Guglielmo III e Luigi XIV
   10.- Stretto vincolo fra Guglielmo III e i protestanti

   APPENDICE ALLA TREDICESIMA PARTE

    1.-Luigi XIV rifiuta le proposte degli Olandesi (1672)
    2. - Una clausola poco nota del trattato di Utrecht
    3. - Luigi XIV ingrossò la corrente di irreligione agli inizi del XVII secolo

QUATTORDICESIMA PARTE - L'INGHILTERRA E LA MASSONERIA INGLESE FRA IL 1688 E IL 1701

    1. -Prime medaglie
    2. -Il presagio di Orange
    3. -Altre medaglie
    4. -Inizio del regno di Guglielmo III
    5. - La Massoneria dal 1688 al 1701 Guglielmo III fu massone?

QUINDICESIMA PARTE - REGNO DELLA REGINA ANNA (1702-1714)

    1. -Attriti  fra Inglesi e stranieri
    2. - Situazione politica dal 1689 al 1707
    3. -Preludio alla caduta dei whigs

SEDICESIMA PARTE - VERSO LO SCISMA: COLLEGAMENTO FRA RIFUGIATI FRANCESI E WHIGS

    1. - Concatenazione degli avvenimenti
    2. - II ruolo dei protestanti francesi

DICIASSETTESIMA PARTE - DICHIARAZIONE DEL 1703

DICIOTTESIMA PARTE - LEGAME DEI RIFUGIATI CON GLI INTELLETTUALI

    1. - Fine del regno della regina AnnAvvento di Giorgio I
    2. -Élite intellettuale dei rifugiati
    3. -Abraham de Moivre
    4. - Jean-Théophile Désaguliers fra il 1698 e il 1712

 DICIANNOVESIMA PARTE - J.-THÉOPHILE DÉSAGULIERS A OXFORD E A LONDRA.

    1. - Jean-Théophile Désaguliers, studente a Oxford
    2. -Conferenze scientifiche ad Oxford
    3. -A Londra, in ChanneI Row

VENTESIMA PARTE - JEAN-THÉOPHILE DÉSAGULIERS FRA IL 1713 E IL 1717

    1. -Conferenze pubbliche
    2. - Désaguliers alla Royal Society
    3. - II beneficio di Stanton Parva e Lord Chandos
    4. -Figli di Jean-Théophile Désaguliers
    5. -Osservazioni

SITUAZIONE POLITICA FRA IL 1709 ED IL 1717

   1. - Fine della guerra di successione in Spagna
   2. -Lotta accanita fra tories e whigs
   3. - Ultimo periodo del regno della regina Anna
   4. -Primi anni del regno di Giorgio I
   5. -Ripercussioni sulla Massoneria
   6. -Rapporti franco-inglesi

VENTUNESIMA PARTE - PRIME RIGHE DEL RACCONTO DI ANDERSON

VENTTOUESIMA PARTE - INIZIO DEL RACCONTO DI ANDERSON

   1. -Nel 1717 c'erano a Londra più di quattro logge
   2. -Ragioni a sostegno dell'asserzione
   3.-«After thè Rebellion»
   4. -Le quattro logge fondatrici

VENTITREESIMA PARTE - SEGUITO DEL RACCONTO DI ANDERSON

   1. - Osservazione di un lettore
   3. -Seguito del documento: conciliaboli, risoluzioni
   4. - Scelta di un Gran Maestro

VENTIQUATTRESIMA PARTE - FINE DEL RACCONTO DI ANDERSON

   1. - Cosa occorre intendere per "Old Brothers"?
   2.- Perché San Giovanni Battista?
   3. - Cosa significa la parola "Libero" (Free)?
   4. - Nomina di un Gran Maestro

VENTICINQUESIMA PARTE - LA VITA DI JEAN THÉOPHILE DÉSAGULIERS SECONDO DAVID-C. A. AGNEW

VENTISEIESIMA PARTE - ROSA-CROCE E MASSONERIA

VENTISETTESIMA PARTE - OPERE DI DÉSAGULIERS

VENTOTTESIMA PARTE - ALTRE INFORMAZIONI SU DÉSAGULIERS

   1. -Désaguliers ingegnere
   2. -Estratto dalla Storia della Loggia di Edimburgo
   3. - Osservazioni suggerite da questa citazione
   4. - Quel che l'opera citata dice di Désaguliers
   5. –Esame dei dati biografici
   6. -Seguito della citazione
   7. -Osservazioni a proposito di questo brano

VENTINOVESIMA PARTE - ALLA LOGGIA DI EDIMBURGO (AGOSTO 1721)

TRENTESIMA PARTE - DÉSAGULIERS A PARIGI (SETTEMBRE 1735)

TRENTUNESIMA PARTE - PREPARAZIONE DEL LIBRO DELLE COSTITUZIONI

    1. -Orientamenti della nuova Obbedienza
    2. - Necessità di una Costituzione. Documentazione
    3. - Storia del Libro delle Costituzioni
    4. -Il duca John Montagu

TRENTADUESIMA PARTE - PRIMA REDAZIONE E REVISIONE DEL LIBRO DELLE COSTITUZIONI

2. - Qualche parola su James Anderson
3. - Esame ed approvazione del Libro delle Costituzioni

TRENTATREESIMA PARTE

   1. -Chi fu il duca di Wharton
   2. - Curriculum massonico del duca di Wharton
   3. -Punti contestabili
   4. -La parte di Désaguliers nell'intrigo
   5. - Verbali della Gran Loggia

TRENTAQUATTRESIMA PARTE - DÉSAGULIERS NEL 1723-1724

A CONCLUSIONE - APPREZZAMENTI AL NOSTRO STUDIO

ALLEGATO 1

   1. -La Loggia di Alessandria
   2. -Verbale della riunione
   3. -Prospetto della Cerimonia
   4. -Verbale della Cerimonia
   5. -Discorso del Venerabile

ALLEGATO 2 - Riflessioni di Rene Guénon sugli "Archivi di Trans-en-Provence"..... 342